../el libro de la ópera

El llamado espectáculo total, música, canto, interpretación y escenografía en el mismo género y a la vez (a mí en casos como éste no puedo evitar evocar la expresión “quien mucho abarca poco aprieta”), congrega a millones de almas entre las que se encuentran algunos de mis amigos, unas de las personas más generosas, curiosas, aficionadas a la cultura y a la vez más seguras y asertivas que conozco. No los veo dudar jamás, y ese exceso de seguridad ha provocado en ocasiones más de una situación realmente jocosa.

Con la ópera, se emocionan, lloran. La disfrutan y les estimula, yo diría que a nivel glandular, y por ello me viene a la memoria la famosa escena de la ópera de “Pretty Woman”.

​La escena a la que me refiero tiene lugar en la Ópera de San Francisco, donde Edward Lewis, lleva a Vivian para ver una ópera. Se trata de “La Traviata”. Vivian no ha visto jamás una ópera, y Edward le dice unas palabras que pueden servir para todo aquel que se acerque a la ópera por primera vez: La reacción de la gente la primera vez que ve una ópera es muy espectacular, o les encanta o les horroriza. Si les encanta será para siempre, si no, pueden llegar a apreciarla, pero jamás les llegará al corazón.

​Tras la representación, Vivian mira hacia el escenario con los ojos arrasados en lágrimas mientras una mujer le pregunta si le había gustado la obra a lo que ella contesta: ¡Casi me meo de gusto en las bragas!

Yo no sé si soy de los que mojan braga o al menos no siempre, pero de lo que estoy seguro es de que ellos son de los que las inundan. Por ello quiero dedicarle este libro a ellos, en un momento de su vida muy estimulante pero que también produce vértigo. Así pues, con todo mi afecto y con la esperanza de inocularte el gusanillo de la duda metódica aquí van unas arias que he escogido con un criterio seguramente cuestionable de las que he hecho un análisis iconoclasta pero sincero y una modesta versión gráfica, lo que viene siendo una pequeña pintura que las ilustre, esto va por vosotros, amigos.

Este párrafo pertenece a la introducción del libro que publiqué adentrándome en las pantanosas tierras del mundo de la ópera. Con más inconsciencia que sentido común afronté el reto de ofrecer a través de mi expresión plástica y unos pocos textos, una visión sincera aunque un tanto mordaz de las luces y las sombras que, a mi entender, pueblan el mundo de la lírica.

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